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La enfermedad cardiovascular

La enfermedad cardiovascular y la diálisis: lo que debe saber para mantenerse sano

Como ya sabe, una gran cantidad de pacientes de diálisis se ven afectados por diversas patologías del sistema cardiovascular. Pero no todo son malas noticias: si se tiene el debido cuidado y se toman medidas de precaución, siempre encontrará formas de ayudar, de manera activa, a ralentizar la progresión de la enfermedad cardiovascular y mejorar el pronóstico o reducir el riesgo de desarrollarla.

La función del sistema cardiovascular

El conjunto conformado por el corazón, las venas, las arterias y los capilares se conoce como sistema cardiovascular. La principal función que desempeña este sistema es esencial para mantenernos vivos y en buen estado: garantiza la circulación de la sangre desde el corazón a los pulmones y al resto del organismo para suministrarle oxígeno. Sin embargo, en las personas con enfermedades cardiovasculares, el organismo es incapaz de llevar a cabo estas funciones como debiera.

La enfermedad cardiovascular: una mirada en mayor profundidad

El término «enfermedad cardiovascular» es, en realidad, un nombre poco adecuado. No se trata de una sola enfermedad, sino que es un término que abarca diversas patologías entre las que figuran la hipertensión, la ateroesclerosis, la cardiopatía coronaria y el ictus. Algunas de estas patologías se dan con mayor frecuencia que otras. La enfermedad cardiovascular puede provocar que el corazón de una persona deje de bombear sangre de forma eficiente, impedir el buen funcionamiento de las válvulas coronarias o estrechar o endurecer las arterias. Ciertas toxinas o bacterias también pueden desempeñar una función dañina para ciertas partes del corazón y de los vasos sanguíneos.

Por qué es un riesgo para los pacientes de diálisis

Padecer de enfermedad renal crónica aumenta el riesgo de desarrollar una enfermedad cardiovascular; por ello, es muy importante que el paciente se cuide, acuda a las citas con el médico y siga las indicaciones del médico. Uno de los motivos por los que aumenta el riesgo se debe a que la diabetes y la hipertensión arterial —dos patologías que, si no se controlan, pueden dañar los vasos sanguíneos— son dos de las principales causas de la enfermedad renal crónica. En términos generales, el daño renal también puede provocar hipertensión arterial, un factor de riesgo para la enfermedad cardiovascular. Entre algunas otras complicaciones habituales de la enfermedad renal crónica que también pueden contribuir a la aparición de la enfermedad cardiovascular figuran el aumento de la concentración de homocisteína y de calcio-fósforo, así como la anemia. Dado que estas patologías suelen verse acompañadas de la enfermedad renal, en su caso es sumamente importante que siga el plan terapéutico que le haya elaborado el médico.

La hipertensión

Se suele hablar de la tensión arterial alta o hipertensión como de un «asesino silencioso». Este apodo deriva del hecho de que muchas personas padecen de hipertensión arterial sin que experimenten ningún síntoma. Para medir la tensión arterial, se utilizan dos cifras: La presión sistólica, el primer número, que representa la presión del corazón cuando el corazón se contrae; por otra parte, la presión diastólica, el segundo número, representa la presión cuando el corazón está en fase de relajación. En las personas con hipertensión arterial, la sangre circula a través de los vasos sanguíneos con una fuerza excesiva. Con el paso del tiempo, esta fuerza excesiva daña los vasos y aumenta el riesgo de que la persona que la experimenta padezca un ataque cardíaco o un ictus. El médico suele comprobar la tensión arterial para asegurarse de que está dentro de los valores normales, de manera que se reduzca el riesgo de complicaciones.

La ateroesclerosis, la cardiopatía coronaria y el ictus

En términos llanos, la ateroesclerosis consiste en el endurecimiento de las arterias, los vasos sanguíneos que transportan la sangre desde el corazón hasta el resto del organismo. Los depósitos de grasa conocidos como placas de ateroma, así como los depósitos minerales, provocan el endurecimiento de las arterias, lo que disminuye la cantidad de sangre que fluye hacia el corazón. Un corazón falto de sangre puede provocar síntomas como el dolor torácico o causar un ataque al corazón. El endurecimiento de las arterias también constituye la principal causa de cardiopatía coronaria, el nombre que recibe una patología en la que el bloqueo o estrechamiento de los vasos sanguíneos provoca una reducción de la circulación de la sangre dentro dell corazón. Cuando el cerebro no recibe suficiente oxígeno o cuando se revienta o rompe un vaso sanguíneo, se puede producir un ictus, una patología que precisa atención médica inmediata.

¿Cuáles son las causas de la enfermedad cardiovascular?

Como ocurre con muchas patologías, las causas de la enfermedad cardiovascular son múltiples y pueden variar de una persona a otra. Entre algunos factores de riesgo habituales figuran la mala alimentación, la obesidad, el consumo de tabaco, el estrés y un estilo de vida sedentario; es por ello por lo que resulta tan importante llevar un estilo de vida saludable. Entre las recomendaciones generales que podría hacerle el médico para ayudarle a reducir de manera activa el riesgo de desarrollar la enfermedad cardiovascular se encuentran alimentarse de manera equilibrada y tomar alimentos con bajo contenido en sodio (sal), perder peso, dejar de fumar, hacer más ejercicio y gestionar mejor el estrés. Llevar a cabo estos cambios puede resultar difícil al principio; sin embargo, es bueno tanto para el sistema cardiovascular y para los riñones como para la salud y el bienestar en general.

El tratamiento para las personas con enfermedad renal crónica

Como ya se ha indicado, el nefrólogo supervisará y comprobará de forma regular los signos de enfermedad cardiovascular. Para ello, entre otras medidas, comprobará la tensión arterial y le extraerá una muestra de sangre para comprobar si padece anemia. Si existen indicios de esta patología, el médico elaborará un plan terapéutico personalizado, en el que podría incluir medicación para reducir la hipertensión arterial o la hipercolesterolemia. El médico también evaluará y tratará otros desequilibrios o deficiencias que aumenten el riesgo de desarrollar la enfermedad cardiovascular, como el aumento de la concentración de calcio o fósforo. Si también padece de diabetes, será esencial comprobar regularmente la concentración de azúcar en sangre, para así proteger el sistema cardiovascular y los riñones.

Dado que los alimentos que consume a diario también pueden ocasionar  síntomas de la enfermedad cardiovascular, el nefrólogo le concertará una consulta con un nutricionista especializado en atención renal. Juntos elaborarán una dieta deliciosa a la vez que nutritiva que le ayudará a sentirse mejor y mantener la mejor salud posible. Recuerde: seguir las recomendaciones del médico y del nutricionista y cuidarse bien son los principios básicos para convivir bien con la diálisis y con la enfermedad cardiovascular. Cumplir con estas pautas es vital para mejorar los resultados personales y aumentar la calidad de vida en general.

La diálisis y la enfermedad cardiovascular

Además de realizar cambios en el estilo de vida, tomar medicación y seguir un plan nutricional, ciertos tipos de diálisis - como la diálisis de alto flujo (High-Flux) o la hemodiafiltración de alto volumen (HighVolumeHDF® ), junto con el control de los líquidos - han demostrado limitar algunas de las complicaciones relacionadas con la enfermedad cardiovascular. Fresenius Medical Care se esfuerza de manera constante para ofrecer a todos los pacientes a los que atiende opciones de diálisis que les ayuden a ralentizar el desarrollo y la progresión de la patología. Formúlele cualquier duda que tenga sobre su situación personal a su nefrólogo en su próxima visita a consulta.